Alimentación y salud cardiovascular

 

Las enfermedades cardiovasculares están a la orden del día. Seguro que todos tenemos algún familiar o allegado/a que ha sufrido algún episodio de infarto de miocardio, aterosclerosis o arritmias, al igual que también es fácil que conozcamos a alguien con alguno de los factores de riesgo que propician estas enfermedades como por ejemplo: niveles elevados de colesterol, hipertensión, estrés, obesidad, fumadores o diabéticos

De hecho, los problemas cardiovasculares representan la primera causa de muerte en el mundo. Actualmente se producen alrededor de una 17,5 millones de muertes prematuras al año a causa de patologías cardiovasculares y, de seguir en esta línea, se estima que para 2030 estas cifras ascenderán a la desmesurada cantidad de 23 millones de muertes prematuras. Nos encontramos ante unas cifras que preocupan solo de verlas, pero ¿qué es lo que estamos haciendo mal?

 

Respondiendo a esta pregunta, resulta evidente cuál es la incógnita de la ecuación, el “punto débil” del sistema: la contribución que hacemos mediante nuestros hábitos al desarrollo de los factores de riesgo anteriormente mencionados que son los que causan estas enfermedades. En definitiva y como ejemplo más representativo, es nuestra mala alimentación la que contribuye a la aparición de los niveles elevados de colesterol (salvo en casos de herencia, aunque el papel de la dieta puede ser también favorable en estos casos), la aparición de hipertensión, de obesidad y de diabetes, así como también influye el sedentarismo del que somos cada vez más prisioneros.

 

Centrándonos en la nutrición, resulta curioso que siendo poseedores de un privilegio importantísimo en la prevención de enfermedades cardiovasculares como lo es la dieta mediterránea, no la aprovechamos, desprendiéndonos cada vez más de ella y desplazando nuestros hábitos menos saludables, recurriendo a precocinados y “comida basura” olvidando los alimentos autóctonos y frescos que nos da nuestra tierra.

El rol que juega la dieta mediterránea radica entre otros aspectos en la enorme cantidad de antioxidantes que nos aporta tanto en frutas y verduras, ácidos grasos esenciales como el caso del pescado o los frutos secos, azúcares naturales (NO REFINADOS) de la fruta, vitaminas y minerales de alimentos frescos y grasa prácticamente en su totalidad cardiosaludable como es el caso del huevo, frutos secos, aguacate y, por preminencia, el ACEITE DE OLIVA VIRGEN EXTRA.

Destacar los beneficios de ciertos alimentos con los que surgen muchas dudas como por ejemplo: el aceite de coco, el aguacate, el huevo o los frutos secos.

Esperemos que este post te sirva de ayuda para concienciarte y acercarte a un estilo de vida más saludable.

 

 

¡Recuerda !“El corazón prefiere que valga la risa, no la pena” 

 

By Paloma Fortes. Nutrición y dietética

 

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