Otro Abordaje de lo Corporal

Casi todos tendemos a pensar lo que ocurre en nuestro cuerpo relacionándolo únicamente con causas biológicas donde nuestra multiplicidad queda irremediablemente reducida. Siguiendo esta inclinación, los padecimientos del cuerpo se deberían a factores netamente vinculados a un funcionamiento inadecuado de algún órgano o sustancia que por falta o exceso de producción actuaría provocando sufrimiento corporal. A día de hoy, inclusive el estado de felicidad o infelicidad se piensa en estos términos. ¿Donde se ha quedado nuestra singular diferencia con el reino animal?

Más allá de que el cuerpo de carne y hueso es una realidad irreductible, no podemos dejar de lado que la arquitectura de un espacio psíquico como el que tenemos resulta del entrecruzamiento entre un cuerpo físico y fácilmente perceptible con el que cada uno nace -de consistencia orgánica- y el mundo que nos rodea, nos antecede, y nos recibe, donde el lenguaje cumple un papel fundamental conectando lo acontecido en el interior de cada persona con lo que proviene del mundo externo, produciendo modificaciones en el cuerpo. Por incidencia de la palabra, la mente humana se conforma como un conglomerado complejo cuya lógica de funcionamiento no puede limitarse al plano físico.

Una de las diferencias fundamentales que las personas tenemos con los animales se presenta en el plano corporal. Lo que las personas definen como su cuerpo cobra una dimensión única y singular para cada quien. Esto se explica por el hecho de que existe una incongruencia entre el cuerpo orgánico (de carne y hueso) y el cuerpo que cada uno ha podido construir en su interior a nivel imaginario o mental. Éste último es un cuerpo que si bien no tiene una consistencia delimitada en términos biológicos afecta al cuerpo real; por lo que es determinante no sólo a niveles psíquicos si no también físicos.

Hay toda una cantidad de síntomas y trastornos que aparecen en el cuerpo (sudoraciones, aceleración del ritmo cardíaco, sensación de ahogo, dolor en el pecho, desmayos, contracturas, etc.) cuya causa -una vez descartados los factores orgánicos- se detectan como psíquicos. Incluso sin irnos a situaciones tan extremas, el cuerpo -con su concomimtante fecha de caducidad- siempre es causa de malestar y de insatisfacción. El mapa de nuestra anatomía corporal no coincide en su totalidad con el mapa corporal que existe interiormente en nuestra cabeza, ocasionando cierto nerviosismo que de no ser abordado adecuadamente puede prolongarse y volverse cada vez más severo, llegando a producir enfermedad.

Conformarse no suele ser la apuesta más acertada cuando de sufrimiento se trata. Con la asistencia adecuada de una escucha atenta al entramado particupar de tu cuerpo y tu psique puedes no solamente mejorar tus dolencias corporales, si no también aprender a convivir mejor con la realidad de tu cuerpo, descifrando lo que éste quiere decirte cuando contrae un padecimiento cuyo origen no es orgánico.

Conoce los Motivos de Consulta Más Frecuentes

• Sensación de cansancio excesivo pese a dormir muchas horas,

agotamiento físico.

• Malestar cervical prolongado, contracturas, fibromialgias, dolores de

cabeza

• Incomodidad y desvalorización del propio cuerpo

• Extremadas exigencias de perfección vinculadas a lo físico

• Intensos sentimientos de culpa y autocastigo a la hora de ingerir

alimentos

• Sentimientos de inferioridad y dificultades para valorarse a sí mismo/a

• Pérdida del deseo de comer, imposibiidad de disfrutar de la comida

• Dificultades provocadas por modificaciones importantes del cuerpo:

(accidentes, ciclos vitales: adolescencia, menopausia, andropausia, etc.)

• Angustia intensa en torno al envegecimiento y el paso del tiempo.

• Malestar o dolencias con los ciclos hormonales (síndrome pre-menstrual,regla)

Lorena, 29 años*: “No lo puedo evitar, lo único que veo de mi cuerpo es la celulitis… tengo una fijación con eso y ya no es sano”

Estefí, 38 años*: “el doctor me dijo que ya no es aconsejable que me ponga más bótox. Él cree que tengo algunos problemas que resolver en terapia antes de seguir haciéndome cosas en el cuerpo”

Jesús (26 años): “todo el mundo tiene una imagen de mí como un niño fuerte, maduro, que puede con todo. Yo me veo exactamente como todo lo contrario, como un débil que siempre fracasa”.

Rocío, 23 años*: “En realidad no sé si quiero ponerme pechos o no, a mi novio le encantan pero a mí me da un poco de miedo operarme”

África, 46 años*: “cuando veo a mi niña chica es como si fuera un relfejo de mí a su edad. Esa imagen de mí es triste y la paso fatal.”

María Jesús (31 años): “Estoy harta de no hacer lo que yo quiero. Al final por una cosa o por otra siempre termino conformando a los demás. Me quiero operar y punto, si mis padres no están de acuerdo problema de ellos”

Alessandra (39 años): “siento que mi marido ya no me mira como antes, y eso que me he puesto menos labios de lo que yo quería porque a él le gusta más natural”

Davinia (25 años): “desde que me he puesto los implantes la gente me mira más por la calle y aunque me veo más guapa y he mejorado la autoestima es una sensación un poco rara que no llevo bien”

David (30 años): “si te cuidas un poco la barba o usas cremas ya te dicen que eres mariquita. ¿Cómo les voy a contar que vengo a que me pinchen?”

Ana María (63 años): “cuando escuchaba a las mujeres quejarse de que estaban más secas no me imaginaba que eso fuera tan dicicil para mí. Nunca le di mucha importancia al cuerpo, pero ahora los cambios me están costanto”

*Los ejemplos son las voces de las personas que recibimos, de quienes hemos obtenido el consentimiento para realizar esta publicación. Los nombres utilizados son ficticios con el fin de preservar la privacidad de nuestros pacientes.